En la nada, todo*


El paisaje de la meseta patagónica no es precisamente el más divertido. Lo único que, posiblemente, rompa la monotonía del patrón mata, mata, mata, matita, mata sea una oveja perdida o una mara que, con suerte, alcanzaste a ver. El panorama parece haber sido hecho una tarde nublada de domingo: sensación que se produce y reproduce durante todo un viaje por ruta.
Podríamos, al principio, tener una visión romántica de los colores de la región. Sin embargo, después de cientos de kilómetros llegaríamos a la conclusión de que es un embole. Y sí, para el patagónico la imagen de la ruta es una misma foto mecida por el viento, una misma representación pictórica que contempla durante horas (y desde hace años) mientras espera llegar a destino.
En la ruta de la Península Valdés es muy común observar turistas japoneses sacarles fotos a los alrededores del camino. Muchos patagónicos fruncen el ceño y levantan una ceja para expresar el tan conocido: "¿¿Eh??".
¿A qué le sacan fotos? ¿Acaso ven algo que nosotros no? ¿Experimentarán alguna droga desconocida que incita a los pulgares a disparar flashes? ¿Los químicos en el agua los hacen alucinar? Si no es nada de eso ¿Qué es?
La respuesta que uno puede sugerir es Nada (ya sea frustrado ante la incomprensión, u orgulloso por el hallazgo). Después de observar en diarios, revistas o películas el escenario japonés uno entiende que es el espacio lo que valoran. No hay necesidad de estar todos apretados en edificios de tres mil pisos, se pueden ver las estrellas y el concreto no invade la vista, no aprisiona. Kilómetros y kilómetros de libertad patagónica.
¿Por qué no lo vemos? Simplemente porque está ahí todo el tiempo. Admiramos los edificios, los shoppings y las cadenas estandarizadas de los centros urbanos. Pero ¿Lo bancaríamos todo el tiempo?
El panorama de la región no nos abruma ¿Tiene que ser necesariamente una característica negativa? No hay cascadas, ni bosques, ni estancias, no hay cines con pantallas 3D, ni una masa de gente caminando en la misma dirección. Es la nada en mismísima geografía. ¿Qué hay en la nada? Todo.
La falta genera búsqueda, la búsqueda incentiva a crear y en la creatividad reside todo. Todo es posible. Cualquier pensamiento se manifiesta en la mente patagónica mediante el fluir de la consciencia inducida por La Nada.
El desierto es como una página en blanco, un respiro visual. ¿Querés plantearte cuestiones existenciales, planear las vacaciones o filosofar sobre por qué la ruta se llama ruta? Nada te lo impide. La Nada se adapta a todo.    

(*) Texto publicado en Noche Polar, Homo Patagónicus, agosto del 2010
Escribí esto hace mucho tiempo. No sé si pienso lo mismo, lo único que sé es que amo sus horizontes infinitos, con eso alcanza. Feliz cumple Comodoro.

1 comentario:

Romina Sanchez dijo...

Cuando empecé a leer el post me sonó tu blog viejo(que dicho sea de paso, en mis bajones lo extraño) y cuando llegué al final se me escapó una sonrisa, es de la época del viejo blog.
Me quedé pensando en que extraño a esa Flor melancólica, misteriosa, que parecía mirarlo todo desde una esquina. Cada entrada era como un nuevo capítulo de una novela. Pero también me alegra mucho que este blog sea de una Flor con más energía, que disfruta, que va para adelante.
Espero que todo te esté saliendo tan bien como parece.
Un fuerte abrazo bella!