Dos años en una hora


Llegué al aeropuerto una hora antes, como dicen que hay que hacer. Hice el check in, porque en Comodoro no hay de esas maquinitas en donde lo hacés solo y a veces podés evadir el control de si tenés uno o dos kilos de más en la valija. La mía no pesaba mucho de todas formas. Llevé solo lo necesario y usé todo. Traje un sweater nuevo, blanco inmaculado, que me tejió mamá. Tengo la sensación de que me va a costar usarlo, como cada cosa linda que tengo. Por lo general casi siempre me pongo lo mismo cuando mi placard rebalsa de cosas. Siempre uso los mismos zapatos, los mismos conjuntos y todavía no sé qué espero. No debería esperar.  Esta vez me llevé un diario viejo que abarca como dos años. Tantas cosas que olvidé. Me alegra poder escribir y contar con esos inventarios de recuerdos por más cursis que sean. No siempre sentí igual y es bueno saberlo, porque la que escribió todas esas cosas en el 2006 era bastante dramática pero una buena chica y me cae bastante bien. Ella no dejaba las cosas para después. Pegaba los stickers más brillantes donde nadie más los veía, dibujaba lo más lindo que podía, no escatimaba esfuerzos ni decisiones. Extraño no escatimar. A veces la prudencia de la madurez nos vuelve seres que viven en dosis. Leía mis propias palabras como si fueran de alguien más mientras las diferentes filas avanzaban, dos vuelos en simultáneo y pasajeros ansiosos. Yo me demoraba pensando en tomarme un taxi e irme a mi casa aunque me cobraran mil pesos. Una hora antes habíamos estado en el sillón charlando sobre ese mismo diario. Que yo realmente lo había querido cuando éramos chicos y ninguno de los dos sabía muy bien qué hacer. Que yo pensaba que él me odiaba, que él pensaba que yo lo odiaba, y un poco sí porque si él me odiaba yo lo iba a odiar más. Pero no, no lo hacía. Después que quiso hacer las paces, me miró en una fiesta, me acompañó a mi casa como hacía antes, me habló por chat y, un año después de cortar un amigo suyo me dijo que si yo quería estar con él que no me iba a decir que no.  10 años después todo junto tenía sentido, 10 años antes todo parecía demasiado bueno para ser cierto. De alguna manera pensaba que lo quería demasiado como para que sucediera. Las cosas no funcionan así, porque por imposible que sea, hoy lo quiero más –y la palabra queda chica-. Pero yo ya no escribía un diario acostada boca abajo en mi cama, con hadas en las páginas, stickers de Hello Kitty y renovando su perfume cada vez que lo perdía. Estaba en el aeropuerto mirando cómo las filas se achicaban, quedábamos solo un par en pre-embarque y era mi turno de subir al avión. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Sos hermosa, escribis hermoso.
Somos varios los que queremos mas notas como esta, besos Flor.

Anónimo dijo...

Coincido! sos hermosa, tenes los ojos más bonito y hermosos que vi, para perderse de por vida y a demás escribis tan bonito. PD: tú fan de cuando tenías fotolog.

Anónimo dijo...

Ya no tenes diario intimo? a mi me esta haciendo bastnte falta escribir algo asi aunque ya sea una chica adulta.... gracias por recordarmelo y estimular a que lo haga :)

Joana Manno Villordo dijo...

Cuando escribis estos artículos recuerdo porque amo tanto tu espíritu!!❤❤❤❤