A solas


Sola, dicen que fue una de las primeras palabras que dije. No llegaba ni a los dos años y ya quería hacer todo sola. No me gustaba que me dieran la mano ni para cruzar la calle y apenas sabía caminar. En el colegio pasaba los recreos sola sentada en el piso leyendo. A veces me daba vergüenza querer estar sola, me preocupaba qué podían pensar de mí. Después ya no me importó más.  Cuando me mudé a La Plata me gustaba ir a recitales sola, ir a merendar sola, meterme en mi mundo y quedarme ahí. No sé por qué, pero tampoco nunca me sentí sola siendo solitaria. Hoy ya no quiero estar sola todo el tiempo, pero a veces sucede. Y cuando pasa, me gusta inventarme tareas, hacer cosas para mí o cosas porque sí. 


Pintarme las uñas en la cama con alguna serie o película de fondo.
Escribir en silencio. 
Transformar cajas de corpiños en cajas para otras cosas.  
Arreglar rubores rotos con una espátula y alcohol en gel.
Ordenar los espacios que uso todos los días.
Comprar flores porque sí. Aunque en ese caso, mamá venía de visita y esas sos sus favoritas.
Tomar un minuto para apreciar que tengo lo más importante que se puede tener, razones para no quedarme a solas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te vas al carajo de hermosa en todo sentido.

Damian dijo...

a ver... disfrutar del hecho de estar solo no implica necesariamente soledad. Creo que tiene mas que ver con el hecho de estar con uno mismo. Y esos momentos realmente se disfrutan :)