De Backstage: Thelefon en Pura Vida

Una vez le preguntaron a Marky Ramone si seguía la escena punk argentina, si había algo interesante. “Thelefon” respondió.
La pronunciación del ídolo punk de la gran palabra mágica resonó en los oídos de los curiosos melómanos nacionales. Trasladó a Thelefon hacia el centro de la escena under que mira desafiante al sistema desde mediados de los ‘70. (La banda no estuvo por aquel entonces pero casi como que sí). En Thelefon no canta una voz bonita sobre cosas bonitas, ni filman videos bonitos sobre cosas bonitas.-Si se busca lo bonito, a otro género-. Voces crudas, letras desafiantes y videos shockeantes (al ojo políticamente correcto, claro).
Ellos son Sebastián Pardo (guitarra y voz), Leandro Urtasun (guitarra), Pablo Madueño (bajo) y Emiliano Madueño (batería). Los primeros dos, platenses y los segundos, comodorenses.

Entre sus trabajos de estudio se encuentra Thelefon (2009), grabado y mezclado en La Burbuja Estudio en La Plata. Su segundo disco, Un lugar mejor (2012) fue producido por Ray Fajardo (ex baterista del Otro yo, actual integrante de Jauría, junto a Ciro Pertusi), grabado y mezclado en Estudio Quinto en Androgué.

Con canciones como Es-cupido, Chicos violentos, Modelo 2000, The City, Papá está muerto, Políticos y Corren, la banda mitad platense-mitad comodorense se perfila hacia lo alto de la escena punk nacional. De Garage (el diario de Rock argentino) dijo de ellos: “Los diez temas inaugurales son breves y al palo. Una patada en el culo y a otra cosa”. Así es, son increíblemente directos con el dedo en la llaga. Manifiestan lo que creen justo -e injusto- parados sobre sus zapatillas de lona gastadas, con los brazos cruzados estirando sus camperas de cuero, pero lo que menos hacen es quedarse en una postura. Dicen: “Vos ya fuiste joven y las cosas las hiciste mal, corréte que nos toca a nosotros”. Y les toca. Y tocan.

Eso escribí para Noche Polar y así conocí a Thelefon.



DE BACKSTAGE: PURA VIDA


Llegué a la una y tocaron a las seis. En cuanto a bandas y recitales se refiere, todo siempre parece tardar un poco más: si la prueba de sonido se pacta a las cinco va a ser a las siete, si es a las siete se hace a las ocho y media, si dicen que tocan a la una probablemente sea a las dos o tres. Y si hay más de seis bandas esto se multiplica por dos (bueno no, para tanto no).

Pura Vida -bar hito de Rock de La Plata- cumplió seis años y por supuesto, Thelefon tocó.

A propósito o de lindo accidente, Pura Vida parece un camarín grande. Las paredes están sumamente rockeadas y me recuerda mucho a la habitación donde solía ensayar cuando tocaba con la banda en Comodoro. Hay rayones, cuadros eclécticos, espejos, cartelitos, folletos y hasta un dispenser gratuito de forros. Por redundante que parezca, Pura Vida tiene un camarín y también resulta bastante divertido.

Con Chicho hablamos del próximo disco, con Pablo nos pasamos data sobre libros de Rock, a Leandro no lo vi mucho y con Seba charlamos de lo que siempre charlamos -o sea, sobre cualquier cosa-. Fue una de las primeras personas que conocí cuando me mudé a La Plata, había hecho una reseña de la banda para Noche Polar y quedamos en tomar una birra. Tenía la imagen de Seba Pardo tacleando y atando a un cura en el video Modelo 2000 -cosa que me pareció bastante razonable-, pero no sabía qué esperar. Vive cerca de casa así que me pasó a buscar y fuimos a Rey Lagarto. Inmediatamente nos pusimos a hablar como si nos conociéramos desde siempre y nos quedamos en el bar haciendo el pasito de Michael Jackson en Black or White más o menos hasta que amaneció. Hoy es un gran amigo.

Se subieron al escenario a las seis de la mañana y lo que pasó ahí arriba fue punk. Los había visto en videos y me parecía que tenían una fuerte presencia on stage pero no me imaginé que tanto. Me paré cerca del parlante y si me fui a dormir escuchando un piiiiiiii fue con mucho gusto. Tiraron los micrófonos a la mierda un par de veces sin siquiera tocarlos. Thelefon sale a escena como quien sale a la guerra y cuando comienzan, no paran. Hacen temas al hilo y no hablan demasiado porque básicamente no necesitan decir nada.
Ph. Ailiñ G.C, La Plata





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