Armar el bolso

Después de ir a la oficina, terminar las tareas del día, llegar a casa, responder mails, redactar lo que me faltaba para Noche Polar, mandarle un whatsapp a mi novio que en realidad era para la productora de Noche Polar -Mar, listo Buenas Nuevas Viene, me quedo acá para lo que necesiten-, empezar a hacer el bolso, poner 1989 de Taylor Swift -no todo es rock en la vida- hacerme un Campari -mi instinto inicial decía whisky pero desistí, no todo es rock en la vida-, acordarme de que tanto no me gusta el Campari, tomarlo igual. Antes de cocinar, cenar e ir a Pamplona porque Thelefon presenta su nuevo disco, cuento que mañana a la noche voy a Comodoro. Y esto es porque
1) Mi trabajo es flexible (por suerte) y me permite hacer lo mismo desde otro lado, aunque no por mucho tiempo porque las reuniones también son necesarias. Una semana está bien, dos no. Ventajas del contenido y comunicación digital (por suerte, repito).
2) Veo familia, novio, amigos, duermo siesta con gatitos. 
3) Mamá cocina rico. Como tarta de berenjenas para el almuerzo, muffins de avena y pasas para la merienda y pizza casera con jamón crudo y rúcula para la cena. 
4) Extraño el mar y el viento. 
5) Gatitos.
Finalmente, como bien señala la publicación de Mauro Mateos: "Para pasar el invierno en la Patagonia, los pobladores lo hacemos normalmente, nada mejor que encender todas las hornallas de la cocina, el horno, prender todos los calefactores de la casa, luego abrir todas las ventanas y sentarnos a beber vino en reposera en la nieve hasta que el calor de hogar llegue hasta el jardín donde casi desnudos salimos a conversar con los vecinos". Extraño eso también (?).