Lo más simple del mundo


Siempre presto atención, tengo buena memoria. Recuerdo miles de letras de canciones, momentos, charlas, conceptos. Es una de las cosas que más me enorgullece, poder buscar en mi cabeza y encontrar lo que necesito para cada momento. Últimamente pienso mucho en algo que aprendí en la escuela, en una clase de Formación Ética y Ciudadana -que probablemente en mi colegio tendría otro nombre porque Ciencias Naturales se llamaba Del Origen del Universo a la Vida-. Pienso en uno de los imperativos categóricos de Kant, el que dice: "Obra sólo según aquella máxima por la cual puedas querer que al mismo tiempo se convierta en ley universal. Obra como si la máxima de tu acción pudiera convertirse por tu voluntad en una ley universal de la naturaleza". Una reducción muy simplista -casi caricaturesca- que apunta casi a lo mismo sería: "No hagas lo que no te gustaría que te hicieran", dejando la cuestión filosófica un poco de lado hacia algo más pragmático y menos épico. Pero sí, el mundo sería un lugar mejor si no hiciéramos lo que no nos gustaría que nos hicieran. Siempre pienso que no soy responsable por las acciones de los demás ni cómo pueden lastimarme, sólo soy responsable por mis acciones. Puede ser que la gente alrededor a veces ignore estas cuestiones, o simplemente no les importe, pero yo respondo por mí. Sé que si actúo mal, me siento mal y si me siento mal, actúo mal. Hacer lo correcto siempre me da paz. Me gusta mi paz, la construyo día a día y es mi refugio en la vorágine cotidiana. 

1 comentario:

Juan Pennisi dijo...

Porque sos una persona consciente. El problema no es la maldad, sino la inconsciencia. La gran mayoría de las personas viven en piloto automático y son capaces de hacer daño sin sufrir porque nunca se enteran del daño que hacen. Para ganar consciencia es necesario conocer el amor (sobre todo en la infancia), y morir en vida.