Sí que importa


A veces me gusta pensar que no tengo pasado. No por vergüenza ni arrepentimiento, aunque probablemente existan un par de cosas de las que sí me avergüence o arrepienta. Durante mi último viaje a Comodoro desenterré del polvo una caja gigante. Barbies, cuadernos, diarios, remeras de Telebingo, fotos, carcazas de celular rosas con glitter, discos, cassettes, pañuelos con sangres seca, anotadores, stickers, gilettes. Mucho rosa, todo rosa. Siempre me obsesiono con cosas y colores hasta que los gasto. A los 9 me vestía solo de rojo, en la adolescencia todo era color chicle, ahora prácticamente solo de negro -aunque por una razón que desconozco intente salir de eso-. Antes pensaba que si le hacía creer a todo el mundo que no me pasaba nada entonces quizás terminaba creyéndomelo, pero como dice Tennessee Williams en una frase que tengo escrita con marcador indeleble en la pared de mi habitación: "Silenciar una cosa solo la magnifica". Y así fue hasta que decidí que ya no, pero esa es otra historia.
Siempre escribí todos los días, aunque cuando era chica no pasaba mucho. Los veranos eran bastante tediosos, no existían los smartphones y había que esperar demasiado a que las cosas sucedan  -o quizás  solo lo suficiente-. Después de leer un par de diarios -menos mal que los tengo-, me encantó la sensación de que, al no pasar demasiado, cualquier cosa parecía importante, o por lo menos suficientemente relevante como para llegar a mi casa y escribirlo. Ir a un cumpleaños, a la plaza un viernes a la tarde, que el chico que me gusta me regalara un chocolate, comprar una remera en el centro, ir al cine. Hasta lo más trivial me parecía de total trascendencia sumada a pensamientos no tan felices. Hoy mucho de eso ya no existe, el blog es lo más parecido a un diario que tengo pero está mucho más cuidado. Cada vez que quiero postear o escribir algo, me cuestiono la importancia de todo, como si en el fondo no lo hiciera para mí, porque yo quiero. Meterme de nuevo en escritos viejos me permitió acordarme de todo lo que estaba pasando en ese momento. Qué hacía, a quién quería, cómo pensaba. Quizás un día, o un post no signifique mucho solo pero en la totalidad dice mucho más que eso. Es una obra completa, cuenta una historia, es una vida, sí que importa y quiero eso de nuevo.

Y ahora algunas fotos de algunas cosas extrañas y lindas que encontré en la caja.

Mi diario del 2005 al 2007 y quizás una prueba bastante irrefutable de que era Lizzie McGuire.
¿Qué adolescente no tiene un anotador con una foto de Victor Wooten?
A los 14 años, no teníamos WhatsApp, pero sí cuadernos con los que chateábamos en clase sobre ir a la Matineé o Scott Weiland. 
Cuando tenía 15 años, el chico con el que salía -que me acompañaba todos los días a mi casa después del colegio- me regaló su muñequera. Más de 10 años después, hace ocho meses, me enamoré de él y la encontré. 
A Monday morning lunatic, disturbed from time to time, lost within himself in his solitary shell. Me hice mi Solitary Shell porque cuando Dream Theater te pega, te pega fuerte.
Y esto que tiene casi 10 años. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ayyy me quede con ganas de leer todo él chat sobre scott y su pelvis jaja ídola! Scott not dead